Bethlehem Steel Corporation no era sólo una fábrica. Fue la columna vertebral de la industria estadounidense del siglo XX. La empresa suministró las vigas de acero, los barcos y las armas que construyeron la era moderna. Pero el gigante ya no está. Después de décadas de constante declive, la empresa se declaró en quiebra en 2001 y se disolvió en 2003. Su principal instalación de fabricación en Bethlehem, Pensilvania, es una reliquia de una era industrial perdida.
¿Cómo desapareció una empresa de este tamaño? La respuesta está en una mezcla confusa de competencia extranjera, demandas por amianto y costos heredados aplastantes.
De los rieles de hierro al poder naval
En realidad, la historia comienza antes de que existiera el nombre “Bethlehem Steel”. En 1857, inversores locales fundaron Saucona Iron Company. Cambiaron el nombre a Bethlehem Iron Company cuatro años después. El objetivo era sencillo. Fabricar rieles de ferrocarril de hierro forjado.
En 1899, una nueva empresa llamada Bethlehem Steel Company se hizo cargo de las instalaciones. Luego vino Charles M. Schwab. Fue una figura importante en la creación de United States Steel Corporation allá por 1901. Schwab compró el control de Bethlehem Steel Company en agosto de 1901. No le fue bien. La empresa fracasó en un escándalo financiero.
En lugar de marcharse, Schwab pidió grandes préstamos. Usó esa deuda para salvar los activos y absorber otras empresas. En 1905 creó un holding. Esta nueva entidad consolidó varias operaciones, incluida Union Iron Works en San Francisco. El resultado fue Bethlehem Steel Corporation.
Funcionó. La corporación prosperó durante la Primera Guerra Mundial. Las potencias europeas necesitaban armas, municiones y buques de guerra. Belén los suministró a todos. La demanda fue interminable.
La diversificación no los salvó
Durante los primeros cuarenta años, Bethlehem Steel se expandió agresivamente. Compró propiedades de mineral de hierro y carbón de costa a costa. La Segunda Guerra Mundial mantuvo el impulso. Pero la década de 1970 cambió todo.
La competencia de las siderúrgicas extranjeras se volvió feroz. Belén intentó diversificarse. Comenzó a producir plásticos y productos químicos. Comenzó a extraer minerales no ferrosos. Estas medidas no lograron compensar las crecientes pérdidas. El negocio principal del acero estaba sangrando dinero.
Tres factores específicos hicieron caer a la empresa.
- Competencia extranjera. Las importaciones más baratas erosionaron la participación de mercado. Primero vinieron Japón y Europa occidental en los años 1960 y 1970. Luego, Corea del Sur y China entraron en escena en los años 1980. Belén no podía competir en precio.
- Litigio por amianto. Los trabajadores de los astilleros y fábricas estuvieron expuestos al amianto. Las demandas comenzaron a finales de los años 1970 y continuaron durante los años 1990. Los pagos ascendieron a millones. Agotó las reservas de efectivo.
- Costos heredados. La fuerza laboral se redujo, pero las obligaciones no. Los elevados costos de pensiones y atención médica afectaron las finanzas. La empresa estaba pagando por un pasado que no podía afrontar.
El fin de una era
Los intentos de Belén de encontrar nuevas fuentes de ingresos fracasaron. Las pérdidas aumentaron. En 2001, la corporación se declaró en quiebra.
Dos años después, todo terminó. Bethlehem Steel, junto con más de veinte filiales, se disolvió. Se vendieron activos. Nombres clave como Bethlehem Rail, Greenwood Mining y Chicago Cold Rolling desaparecieron.
Las plantas y operaciones supervivientes fueron absorbidas por el International Steel Group en 2003. Ese grupo posteriormente pasó a formar parte de ArcelorMittal. Hoy, esa empresa matriz es uno de los principales productores de acero del mundo.
El colapso de Bethlehem Steel marcó un punto de inflexión. Señaló el declive del Rust Belt. Esta fue la región donde alguna vez prosperaron la producción de acero y la manufactura. Ahora es conocido por el desempleo y la pobreza generalizados. El acero se ha ido. Los trabajos se acabaron. Sólo queda la historia.
















