Por qué los investigadores quieren datos de redes sociales pero no pueden obtenerlos

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Es frustrantemente obvio, pero rara vez se discute en los círculos adecuados.

Sabemos que las redes sociales dañan a las personas. Vemos los datos. Sentimos la ansiedad.

¿Pero los científicos que quieren estudiar estos daños? Están atrapados en el frío.

Los investigadores europeos piden a gritos acceso. Las plataformas dicen que no. El resultado es un punto ciego en nuestra comprensión del daño digital. Las grandes tecnológicas tienen las llaves. Y no abren la cerradura.

La brecha de datos en la investigación de redes sociales

Aquí está la realidad. Para comprender cómo los algoritmos radicalizan a los usuarios, es necesario acceder al feed sin procesar. Para ver por qué los adolescentes se sienten aislados, necesita sus registros de interacción.

Pero las plataformas clasifican estos datos como propietarios.

Es magia de secreto comercial.

Así que los investigadores se quedan con la duda. Miran tweets públicos. Analizan capturas de pantalla. Realizan encuestas con muestras pequeñas que apenas reflejan el panorama completo.

¿Es esto suficiente para probar la causalidad? Difícilmente.

Sin el conjunto de datos completo, los estudios siguen siendo superficiales. Rayan la superficie. Pasan por alto los problemas estructurales profundos.

La Unión Europea ha intentado solucionar este problema. Quieren transparencia. Quieren acceso a investigaciones de interés público.

Las grandes tecnológicas contraatacan. Cada vez.

Por qué esto es importante para usted

Se podría pensar que esto es sólo un problema académico.

Que no es.

Cuando la investigación es defectuosa, la política es defectuosa.

Aprobamos leyes basadas en datos incorrectos. Prohibimos funciones que no son el verdadero problema. Ignoramos los algoritmos que realmente impulsan la adicción.

El ciclo continúa.

Los investigadores están bloqueados. El público permanece desinformado. Las plataformas siguen siendo poderosas.

Es un circuito cerrado.

¿Y la peor parte? Seguimos viendo que se repiten los mismos daños. Año tras año. Plataforma tras plataforma.

El costo humano de la denegación de acceso

Detrás de cada dato hay una vida humana.

Un adolescente que se siente excluido.

Un usuario que cae en una madriguera de conspiración.

Un votante al que se le hace añicos su visión del mundo.

Sin un estudio adecuado, no podemos solucionar estos problemas.

Estamos tratando los síntomas. No la enfermedad.

Los científicos europeos tienen razón. Necesitan los datos. No es una solicitud. Es una necesidad para una sociedad digital saludable.

Hasta entonces, vamos a ciegas.