Chats filtrados revelan una realidad brutal dentro de los complejos de estafa del sudeste asiático

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Los documentos internos y los registros de chat de una operación fraudulenta de “carnicería de cerdos” en Laos exponen la esclavitud, coerción y manipulación sistemática de trabajadores obligados a defraudar a millones de víctimas. La operación, conocida como el complejo Boshang, funciona como una empresa criminal construida sobre la servidumbre por deudas, el abuso psicológico y la presión incesante para cumplir con las cuotas.

El horror del día a día

Los materiales filtrados, obtenidos por WIRED de un denunciante, revelan una extraña mezcla de tácticas de motivación corporativa y crueldad absoluta. Los gerentes de oficina envían mensajes empalagosos instando a los trabajadores a “conectarse, inspirarse y marcar la diferencia”, mientras que los jefes simultáneamente amenazan con violencia, multas y la retención de las necesidades básicas si no se cumplen los objetivos de desempeño. Los trabajadores viven bajo vigilancia constante, con su actividad en WhatsApp monitoreada y examinada.

El complejo de estafa opera en un horario de turno nocturno de 15 horas, sincronizado con las zonas horarias de EE. UU. para maximizar la interacción de las víctimas. Los trabajadores reciben un salario exiguo pero están atrapados en deudas, lo que les obliga a defraudar a las víctimas para pagar “contratos” inventados que los mantienen esclavizados. La comida, el sueño e incluso las libertades básicas se utilizan como armas como castigo por las infracciones.

La mecánica del engaño

La operación se basa en gran medida en estafas románticas y de inversión, y apunta a víctimas (principalmente hombres indio-estadounidenses) con perfiles falsos y conexiones emocionales inventadas. Los documentos internos detallan guiones para generar confianza, manipular a las víctimas para que transfieran fondos a criptomonedas e incluso anticipar advertencias antifraude de los bancos o las autoridades.

Las herramientas de inteligencia artificial generativa, incluidos ChatGPT y la tecnología deepfake, desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la ilusión. Los trabajadores están capacitados para utilizar IA para elaborar mensajes convincentes y hacerse pasar por víctimas mediante fotografías robadas en videollamadas. El complejo incluso tiene una “sala de IA” dedicada donde un modelo realiza llamadas deepfake a pedido.

Control sistémico y servidumbre por deudas

Los registros de chat revelan un sistema despiadado de control mediante multas, castigos y la ilusión de oportunidades financieras. Se incentiva a los trabajadores a defraudar a las víctimas con promesas de comisiones, pero habitualmente se les estafa con sus ganancias. La “deuda” que se ven obligados a pagar está inflada intencionalmente, lo que garantiza que sigan cautivos.

La operación se basa en explotar las vulnerabilidades del marco legal de Laos. Según el investigador de la Universidad de Harvard, Jacob Sims, las prácticas del complejo cumplen con la definición de trata de personas según el derecho internacional, pero su aplicación es laxa. Los líderes del complejo lo reconocen abiertamente, refiriéndose a la “compensación” por la liberación como pagos de rescate codificados.

Los materiales filtrados confirman que estos compuestos fraudulentos no son sólo empresas criminales sino modernas colonias de esclavos. La combinación de coerción financiera, manipulación psicológica y amenazas físicas hace que escapar sea casi imposible. La escala de la operación es asombrosa, con docenas de complejos similares operando en todo el Sudeste Asiático y defraudando a las víctimas por decenas de miles de millones de dólares al año.

El verdadero costo de estas estafas va más allá de las pérdidas financieras. Los chats filtrados revelan el costo humano: trabajadores llevados a la desesperación, víctimas arruinadas y una explotación sistémica que prospera en las sombras.